El Programa GAMER - La Era de los Sheitans - DIGITAL

El Programa GAMER – La Era de los Sheitans – Capítulo 10 La llegada de los reclutas del sur

Dicen que la forma más rápida de llegar del punto A al B es una línea recta, tal consejo sería de gran ayuda si el apocalipsis permitiera un desplazamiento tan sencillo pero tal tipo de viaje no era posible de momento. Después de la decisión de los líderes mundiales de reclutar a videojugadores de todo el mundo para reabrir el Proyecto Higginbotham, fue elaborada una estrategia de propaganda para incentivar que dichas personas se uniesen al Programa GAMER, nombre recientemente dado al proyecto para hacerlo más atractivo para sus posibles interesados. De este modo la maquinaria gubernamental comenzó a moverse, editando y repartiendo panfletos en la mayoría de los campamentos organizados alrededor del planeta, colocando marquesinas, enviando reclutadores y distribuyendo la información a lo largo y ancho del globo terrestre; explicando lo que El Programa GAMER era y su importancia para la supervivencia de la humanidad. La estrategia para atraer a los posibles reclutas consistió en alabar la autoestima de los voluntarios, asegurándoles que ellos eran esenciales, especiales e indispensables, además de prometerles una variedad de beneficios adicionales que Bushnell y Baer negociaron durante la reunión sostenida en el búnker y que entrarían en vigor después de los eventos apocalípticos que estaban viviendo actualmente, suponiendo que el plan a realizar tuviera éxito. Los resultados superaron las expectativas pues los centros de reclutamiento estaban atestados por sujetos ansiosos de «volver a jugar», para muchos era la oportunidad de demostrarle al mundo que sus años pegados a la pantalla no habían sido en vano sino que se trataba de un «calentamiento» previo al gran juego de la vida, una preparación para algo grande que se aproximaba.

En efecto, el panorama se veía optimista ante tal cantidad de incautos… reclutas, quienes estaban ansiosos por demostrar su valía. Tras un anormalmente rápido papeleo que, por lo mismo, no permitió una selección escrupulosa debido a la urgencia por contar con nuevos soldados, cada recluta era reasignado a diversos centros de preparación temporales, ubicados en sus localidades, para un brevísimo curso propedéutico proporcionado por agentes de Blossom, y una vez concluido dicho curso (único filtro que el escaso tiempo les permitía), los seleccionados eran reasignados al ya mencionado campo de refugiados, hacia donde serían llevados protegidos por una poderosa escolta.

Blossom fue designado por sus cualidades tecnológicas y geográficas como el centro de entrenamiento principal; tras la reapertura del Proyecto Higginbotham, el campamento comenzó a recibir a los nuevos cadetes para que iniciaran un tipo de entrenamiento único, especial para ellos y adecuado a sus características; estaba principalmente enfocado en familiarizarlos con el armamento militar (mucho del cual era prototipo) y en mejorar la generalmente mala condición física en que la mayoría de los jóvenes se encontraba previo al apocalipsis. Cientos de caravanas alrededor del mundo partían todos los días, desde sus respectivos campamentos, en dirección al añorado Blossom, trasladando a los futuros soldados.

Aquellos provenientes de refugios cercanos no tuvieron mayores contratiempos para llegar, no obstante las caravanas se enfrentaban a numerosas complicaciones que ocasionalmente terminaban con la muerte de todos los viajeros; afortunadamente tales desgracias no eran tan frecuentes (ni reportadas) gracias al servicio de inteligencia que había trazado rutas de viaje seguras que atravesaban sitios que no eran frecuentados por los sheitans que escapaban de las ciudades, pero, para desgracia de todos, el proceso consistía en rodear las zonas peligrosas lo que hacía que el viaje durase mucho más de lo ideal, y estar tanto tiempo en carretera ponía los pelos de punta.

Como afortunadamente aún se contaba con aviones militares de carga y transporte, éstos fueron usados para trasladar a aquellos reclutas originarios de otros continentes. El riesgo de estos viajeros era sustancialmente menor pues los sheitans voladores no alcanzaban a elevarse a tan grandes alturas; además de ser éstos mucho menos numerosos que los que se podía encontrar en tierra, sin embargo esos viajes llamaban mucho la atención de los gigantes quienes les lanzaban bolas de fuego que, en ocasiones, alcanzaban llegar hasta ellos, logrando así derribar a algunos.

El método de viaje más seguro sin duda era a través del mar, no se había detectado presencia de demonios marítimos y, aunque existía el reporte de una inmensa sombra en el fondo del océano captada por los satélites, hasta el momento nadie había tenido contacto con esa posible criatura. Los viajes marítimos eran mucho más tranquilos y seguros que cualquiera de los otros pero su tiempo de viaje era excesivo y los barcos estaban obligados a atracar lejos de los puertos, que eran sitios con alta presencia sheitan, y una vez en tierra, realizar el largo y penoso viaje por carretera.

Por aire, tierra y mar fue que la inusual estrategia estaba arribando a Blossom; para muchos, eran la esperanza de la humanidad para salvarse de la extinción, para otros una idea desesperada salida de una mente con demasiado tiempo libre. Habían pasado sólo unas pocas semanas desde que los doctores Bushnell y Baer recibieron luz verde para reabrir el proyecto y ya contaban con elementos para conformar un pequeño ejército y más venían en camino todos los días; ambos especialistas estaban sumamente emocionados.

Era por tierra que una caravana compuesta por siete autobuses, todos de usos comerciales y modificados estructuralmente para mayor protección, escoltada por tres vehículos militares, se dirigía rumbo a Blossom transportando a un nutrido grupo de videojugadores. Los autobuses estaban repletos de ansiosos sujetos: hombres y mujeres, todos mayores de edad (que era requisito para ingresar), que deseaban demostrar su valía en el Programa GAMER y, por supuesto, hacerse acreedores a los muchos beneficios que ello confería. Desde su punto de partida más lejano esta caravana provenía de una nación vecina al sur del país y había de trasladarse peligrosamente durante casi tres mil kilómetros hasta su destino en Blossom. Llevaban varios días de viaje, deteniéndose muy pocas veces para descansar, bajo un intenso calor, sin aire acondicionado y con tensas y constantes pausas para reparaciones, recarga de combustible u obtención de otros suministros que elevaban la tensión ante cualquier amenaza. Era dentro de uno de esos autobuses, sin destacarse del resto, que viajaban dos no tan jóvenes reclutas.

Jurgen y Lewis eran dos videojugadores que se habían enlistado apenas una semana atrás y que fueron enviados a Blossom tan pronto como terminaron el curso propedéutico en su campamento de origen. Ambos ya se conocían desde hace años pues eran amigos de la infancia, los dos contaban con veintiocho años de edad, la mayoría de los cuales los habían pasado jugando juntos desde que eran niños; pese a eso no podían ser más diferentes.

Jurgen era más alto que su amigo; de 1.80 mts. de estatura, de larga y delgada nariz aguileña, cabello negro con un corte pasado de moda, feamente peinado y con una tupida barba del mismo color de su cabello, y aún peor arreglada; de ojos tímidos y pequeñitos, que se ocultaban tras unos gruesos anteojos de aumento; brazos como de espagueti y piernas de pollo; no era delgado aunque tampoco estaba gordo, ciertamente estaba en muy mala condición física, lo que era evidenciado en su torpeza de habla y movimiento, pues se tropezaba o tiraba cosas de vez en cuando y no podía articular coherentemente sus palabras cuando se ponía nervioso, lo cual era más que frecuente. Era el estereotipo clásico del videojugador empedernido que no sale de su casa en todo el día, evidenciado por la palidez de su piel y su cuerpo endeble. No se le podría considerar la mejor elección para un equipo deportivo, no obstante era sin duda el candidato ideal para un escuadrón GAMER. Los reclutadores estaban seguros que, con entrenamiento, acondicionamiento físico intensivo y disciplina, podría convertirse en un buen elemento. Su desenvolvimiento durante la tutoría en su campamento de origen arrojó resultados aceptables aunque no destacados, así como una gran habilidad en el análisis de situaciones, inteligencia superior al promedio, capacidad elevada para resolver problemas abstractos y buen desarrollo de estrategias. —»Habría que trabajar en disminuir su nerviosismo, urgente mejorar su lamentable condición física». —Era lo que se encontraba escrito en su expediente confidencial, mismo que ya debía estar en las manos de Bushnell y Baer junto con los del resto de los cadetes para asignarle un lugar adecuado debido a sus características.

Lewis, su amigo desde la infancia, era lo opuesto de Jurgen. De menor estatura que su amigo con apenas 1.67 mts, era muy corpulento, quizá demasiado y ello no debido a alguna musculatura sino por un alto grado de obesidad, era lo que se podría decir: regordete, con énfasis en gordete. Tenía el cabello ondulado, de color negro, algo largo y alborotado; si Jurgen estaba feamente peinado, Lewis estaba despeinado. Tenía los dientes separados a causa de un viejo accidente que involucró una bicicleta, helado de vainilla y la acera, evento del que nunca quería hablar. Sus brazos eran gordos y cortos, igual que sus piernas; sudaba todo el tiempo, enmarcando especialmente bajo sus axilas. En ocasiones simplemente desvariaba en sus ideas o reía calladamente sin motivo alguno; su risa era tímida aunque él no era para nada así pues era un sujeto sumamente violento, irascible e impulsivo que se había visto involucrado en muchas peleas, siendo iniciador en la mayoría de ellas, así como constante perdedor en las mismas. Se consideraba a sí mismo como «anormalmente fuerte» y «un genio». Su voz era muy aguda y solía trabarse en sus palabras, esto no era por timidez sino porque solía estar ebrio seis días a la semana; era raro verlo sin una cerveza en la mano y, en esas extrañas ocasiones en que se le podía ver así, era porque había terminado la anterior y se disponía a conseguir otra. Tampoco era físicamente el más apto para actividades intensas y su obesidad era un problema. Sus resultados durante la semana de tutorías habían sido levemente superiores a los de su amigo en los referentes a cuestiones de fuerza y resistencia aunque no demostró cualidades fuera de esos puntos. Los reclutadores lo consideraban un enigma, no estaban seguros de lograr ponerlo en buena forma y su personalidad ya le había acarreado problemas en el campamento.

—»Sumamente agresivo, reacciones violentas, abuso de alcohol, puede incurrir en indisciplinas, no dado a seguir órdenes». —Era lo que estaba escrito en su expediente confidencial, estando «abuso de alcohol» en letras rojas. Pese a que sus tutores no estaban del todo convencidos de él, no deseaban descartar elementos antes de tiempo pues preferían que Blossom fuera el filtro definitivo, además hacía buen equipo con Jurgen y su presencia le ayudaba a sentirse más cómodo. Esperaban que ambos complementaran sus deficiencias.

Cómo dos personas tan diferentes se habían hecho amigos y habían mantenido su amistad por tantos años era algo muy raro ya que, en condiciones normales, hubieran sido enemigos naturales. Lewis fue el «guardaespaldas» de su amigo durante su época de estudiantes aunque también fue su primer bully, dinámica que les permitió conocerse y sería su mutuo gusto por los videojuegos lo que los hizo amigos.

El convoy continuaba su travesía en medio de las carreteras abandonadas, evitando las grandes ciudades y siguiendo rigurosamente la ruta designada por los exploradores. Tres vehículos militares fuertemente armados y con doce soldados a bordo, también armados hasta los dientes, se encargarían de brindar protección en caso de cualquier contratiempo. Era esperado el encuentro con algún sheitan solitario pero el grupo militar estaba preparado para darle muerte rápidamente y continuar avanzando. Asimismo contaban con un explorador en motocicleta que se les había adelantado por varios kilómetros y transmitía por radio cualquier indicación o necesidad de desviación lo que, por fortuna de los viajeros, no había sido necesario hasta el momento.

Dentro del autobús en que viajaban Jurgen y Lewis, junto a una multitud de sujetos en condición física igual de lamentable, ambos amigos charlaban incómodamente.

—Entonces te vas a morir sin haber tocado un solo seno. —Dijo fuertemente Lewis, a quien nunca le importó ser escuchado por alguien ajeno a la plática; el tema no tenía ninguna relación con los eventos de actualidad que ocurrían en el mundo, hablaban siempre de los pechos de las mujeres, mismos que Lewis aseguraba que su amigo jamás había tocado.

—No es cierto, sí… una vez. —Respondió su amigo en un volumen mucho más bajo, pues a él sí le daba vergüenza ser escuchado en una plática tan pueril y superficial (aderezada con sendas imprecaciones).

—Como sea, gracias por venir también. —Dijo Jurgen en un tono más serio, había sido él quien primero se enlistó y Lewis simplemente quiso acompañarlo. —No sería divertido de otro modo. —Añadió.

—I’ve got your back bitch. —Respondió Lewis mientras sostenía su cerveza, era común que hablara en otro idioma cuando se ponía emocional, era la forma en que creía se mantenía fuerte en apariencia. La realidad era que había venido para protegerlo; nadie mejor que él conocía las deficiencias de Jurgen y no dudaba que muriera en su primer día en el campo, sentía era su obligación el cuidar de él en esta situación en que se estaban metiendo. Bromeaban asegurando que las bestias estaban «bulleando» a la humanidad y constantemente prometían que iban a detenerlos, cuando se abrió el reclutamiento para GAMER llegó su oportunidad.

—Quiero matar, y si me matan, ¿y? No es como si tuviera mucho por qué vivir de todos modos. —Lewis muchas veces, antes del apocalipsis, decía esas mismas palabras… no era un tipo muy normal.

—Es que tú eres de los malos, siempre he dicho que si tuvieras poderes los usarías para el mal.

—Obvio, ¿para qué hacer lo contrario? Nada en la vida vale la pena si no estás borracho.

—Es que no ves lo que está pasando aquí, esta es nuestra oportunidad… Antes no éramos nada, ahora somos alguien, nosotros somos los únicos que estamos preparados para esta situación; las mujeres se volverán locas por nosotros.

Jurgen dijo estas palabras mirando hacia el vacío, como diciéndolas para sí mismo, usaba un lenguaje un poco rebuscado, buscando causar dramatismo; no era porque fuera en serio sino simplemente así era el tono usual de las conversaciones entre estos dos.

Además del par de amigos, el autobús, el tercero en la caravana de siete, estaba atestado de reclutas como ellos. Este camión en particular partía del mismo campamento por lo que de algún modo todos ahí se conocían o al menos sabían de su existencia. El ambiente era relativamente relajado, había algún nerviosismo ante la incertidumbre de su destino inminente, el campo de batalla, así como por el riesgo de complicaciones durante el viaje; no obstante la mayoría platicaba tranquilamente y hasta se les podía notar emocionados ante la expectativa de «un videojuego de la vida real».

Esta caravana en particular estaba ya en la recta final de un viaje que había tomado casi dos semanas, habían hecho todas las escalas programadas en los campamentos cercanos y estaban mucho más próximos a su destino que de volver a sus hogares temporales, estaban en el punto de no retorno. Algunos cadetes tenían dudas aunque, por extraño que parezca, éstos eran los menos. En una situación normal posiblemente no desearían integrarse al ejército donde la muerte sería el más probable de sus destinos, pero ésta no era una situación normal; el fin del mundo no es un suceso muy frecuente por lo que esta vez las reglas estaban cambiando; la mayoría de los reclutas había perdido mucho; sus familias, propiedades, su estilo de vida, no les quedaba mucho más allá de sus vidas y éstas no iban a durar mucho si el contraataque fracasaba. En las mentes de los videojugadores estaban ya en su última vida y esta vez no habría «continues, passwords, checkpoints ni batería», sólo podían elegir esperar a morir o tener un último instante de gloria, siendo esta última opción la que, evidentemente, había sido la preferida.

En cada autobús viajaba, además de los reclutas, el tutor que los había preparado antes de partir. Estas personas habían sido enviadas directamente por Bushnell y Baer para analizar a los interesados en enrolarse al Programa GAMER. Tenía cada uno la consigna de no ser demasiado estricto durante el proceso de selección, más debían poner mucha atención a las fortalezas y debilidades de los futuros soldados. Bushnell y Baer creían que, teniendo las habilidades básicas de cualquier videojugador, era posible entrenar y preparar eficientemente a cada uno de estos nuevos soldados, sin importar la mala forma física en que se encontrasen previamente ni las deficiencias de salud que pudieran tener; por un instante se planeó no aceptar aquellos sin vista perfecta pero, tras algunos estudios, perderían así al 50% del total estimado, razón por la que, por vez primera en la historia del ejército, cadetes que usaran espejuelos no eran despreciados.

Tras un par de horas más de viaje, sabiamente empleadas por los viajeros en constantes comentarios sumamente ofensivos, misóginos y a veces racistas, el convoy llegó a un pequeño helipuerto improvisado desde donde tomarían el resto del viaje por aire.

Una de las ventajas tácticas de Blossom era su dificultad de acceso, para llegar al campamento era necesario atravesar un bosque de enrevesado camino, sorteando cuantiosos obstáculos para después llegar a una oscura cueva, misma que contaba con sendas desviaciones y complicaciones que finalmente desemboca en una delgada grieta a través de la cual se debe abrir paso el viajero para llegar al llano entre la cordillera donde el campamento se encuentra ubicado. Tal situación geográfica es sumamente útil para protegerse de los peligros de los demonios que están afuera más resulta de gran complejidad el ingresar o salir. Siendo difícil para una sola persona bien preparada, es de imaginar lo complicado que además sería pasar por ese tipo de laberintos a un grupo de cientos de torpes jóvenes; tal travesía posiblemente mataría a varios de los cadetes por lo que fue necesario tomar medidas.

Todo convoy por tierra debía llegar a zonas designadas como helipuertos improvisados, desde ahí debían esperar el siguiente transporte en llegar, mismo que los llevaría por aire hasta la seguridad de Blossom. El procedimiento tenía sus riesgos pues el ruido que provocaban los motores de los helicópteros era muy intenso y podría atraer sheitans cercanos. Para tratar de disminuir este tipo de problemáticas estos helipuertos estaban ubicados en zonas lejanas al refugio y contaban también con vigilantes que circundaban el perímetro a un kilómetro de distancia de cada lado. Estas precauciones por el momento bastaban para mantener una relativa seguridad, se hacía siempre de este modo en cada zona de abordaje, de las cuales existían varias.

—¡Todos los cadetes, tomen sus cosas y suban por favor ordenadamente a donde se les indique. Lo que olviden en los autobuses lo pierden! —Gritó uno de los militares que trataba de organizar a los torpes chavales. Era necesario hablar fuerte a causa del ruido de los motores.

En total contaban con cuatro helicópteros en este helipuerto para los viajeros de los siete autobuses, claramente no sería posible llevarlos a todos en el mismo vuelo por lo que varios viajes eran necesarios. Tan pronto descendía el último de los reclutas, los autobuses partían a otros campamentos con el fin de llevar al siguiente cargamento de videojugadores a su destino.

La mayoría de los cadetes no llevaba mucho consigo pues el fin del mundo no les había dejado demasiadas pertenencias a las cuales aferrarse. Además de la ropa que ya tenían puesta, no llevaban mucha más ya que no les iba a ser necesaria pues recibirían uniformes de entrenamiento y descanso en el campamento. De este modo el equipaje consistía en escasas ropas, fotografías, libros y algunas consolas de videojuegos portátiles pues, después de todo, no debemos olvidar quiénes son los viajeros.

Cada autobús transportaba en promedio cincuenta cadetes, siendo siete de ellos, eso dejó a un total de trescientos cincuenta asustados y debiluchos jóvenes esperando su turno de abordaje en grandes, ruidosos y sucios helicópteros militares. Estos helicópteros eran los denominados Sikorsky CH-53E Super Stallion, propiedad del ejército; tenían capacidad para un máximo de cincuenta y cinco personas, con su respectivo equipaje, más la tripulación habitual para el funcionamiento de estos armatostes. Realizaban constantes viajes de ida y vuelta hacia Blossom para transportar a los futuros soldados. Estos helicópteros eran ruidosos y consumían grandes cantidades de combustible, en total habrían de realizar dos viajes para llevar al refugio a los 350 videojugadores que ya esperaban en el lugar, sin contar a aquellos más que pudieran llegar conforme transcurría el día.

Para protegerse del sol y las inclemencias del tiempo se había levantado un pequeño campamento en el que los cadetes que no tuvieran la suerte de subir en el primer viaje podrían descansar, comer y beber algo, era una sala de espera normal, una en la que se arriesgaban a un ataque cada segundo que permanecían ahí. Jurgen y Lewis tuvieron la suerte de ir en el primer embarque.

—Ahora sí… no hay vuelta atrás. —Dijo Jurgen mientras sudaba a causa del miedo y el calor. Era una persona muy nerviosa y no se necesitaba mucho para ponerlo en condiciones cercanas a la histeria, de todos modos ya no se podía regresar a casa y en Blossom no le permitirían quedarse si se negaba a formar parte del ejército. Lewis permanecía en silencio, absorto en sus pensamientos y en ocasiones riendo por ninguna razón.

—¿Sigues pensando en tu hermano?

—Aún no puedo aceptar que esté muerto. —Respondió.

Lewis tenía un hermano tres años menor que él, se encontraba en su ciudad de origen, una de las más pobladas de su país; su departamento se ubicaba justo en una zona donde se formó uno de los agujeros por lo que fue tragado por la tierra junto a todos sus habitantes, incluido su hermano. No era el primer miembro de su familia que moría a causa del fin del mundo, su padre cayó valerosamente defendiendo a su familia durante uno de los primeros ataques, lo que permitió que Lewis, su madre y el menor de sus hermanos escaparan con vida de ahí. Muriendo tanto su padre como su hermano a manos de los demonios, había jurado vengarlos así le costara la vida. Aunque había ingresado al Programa GAMER para proteger a su amigo, tenía un deseo de venganza que planeaba satisfacer a cualquier precio.

El viaje en helicóptero no tomaba más de treinta minutos desde el pequeño helipuerto improvisado hasta el gran y moderno helipuerto de Blossom. Los helicópteros aterrizaron en el separo militar, una parte restringida que no era de libre acceso al público y que comunicaba directamente con los cuarteles militares, permitía un ingreso relativamente inmediato al búnker, donde recibirían la mayor parte de su adiestramiento. Era la primera vez que estas personas estaban en un lugar tan impresionante como éste y se sentían un poco decepcionados de no poder admirar la grandeza del refugio más a profundidad pues la zona restringida se encontraba rodeada por elevadas bardas que impedían no sólo el acceso, también la visibilidad. Por ahora no podrían ir de turistas, ya tendrán oportunidad de hacerlo en otra ocasión.

—¡Ya conocen el procedimiento, tomen sus cosas y salgan ordenadamente, lo que sea que dejen olvidado lo pierden! —Volvió a gritar el militar a cargo. Los doscientos veinte reclutas que estaban desembarcando de los helicópteros se comportaron adecuadamente, tomaron sus escasas pertenencias y se dispusieron a seguir las instrucciones.

—¡Fórmense en diez filas de veintidós personas y síganme!

El encargado de guiar a este grupo era el sargento Pietro, un soldado de mediana edad y con alguna experiencia en el campo de batalla. Pietro era uno de los muchos militares obligados a servir de niñera para los videojugadores, debía llevarlos a salvo desde que abordaron los autobuses en sus campamentos de origen hasta que estuvieran cómodamente instalados en las barracas y listos para conocer a los doctores Bushnell y Baer.

El sargento era un hombre muy alto y de gran corpulencia, musculoso como pocos y con pelo en todo el cuerpo menos en su cabeza; padecía de calvicie en la parte superior, para compensar se había dejado crecer el cabello que le quedaba y la barba de candado en los meses después del inicio del apocalipsis, algo que siempre había deseado pero no podía a causa de las estrictas reglas militares, con el mundo en sus momentos finales, Pietro había renunciado al ejército para estar con su familia, sólo para volver a formar parte de las fuerzas armadas cuando éstas necesitaron de militares con experiencia. Fue él quien solicitó una labor que no lo arriesgase demasiado como condición para regresar a la milicia, petición que le fue concedida pese a que, tras algunos días, se arrepintió pues detestaba su actual ocupación.

—Esto es como volver a la escuela. —Lewis hizo el comentario al mismo tiempo que tomaba otra cerveza; no estaba permitido el ingreso de bebidas alcohólicas pero él se las arreglaba para conseguirlas de todos modos.

—Esperemos que no sea tan similar a la escuela. —La respuesta de Jurgen era con cierto desprecio pues sus días de estudiante no habían sido los mejores y repetirlos no era algo que le emocionara particularmente.

El grupo comenzó la marcha siguiendo al sargento en dirección a un elevador de tamaño industrial que permitía el acceso de gran cantidad de personas al búnker, en donde habrían de instalarse dentro de la llamada Barraca 1 que era a la que este grupo había sido asignado.

Avanzaron unos cuantos pasos hasta llegar a la salida del helipuerto, al abrirse las puertas notaron que la zona restringida se extendía aún más allá de lo que originalmente les había parecido. Se encontraban frente a un campo militar completo, con hangares y vehículos: algunos estacionados, otros en movimiento, trasladando a quienes parecían ser personas de los más altos rangos; había también muchas armas desperdigadas por doquier, incluso tiradas en el suelo, tiendas de campaña muy nuevas, cuarteles, cafetería; todo lo que pudieran necesitar estaba a su alcance y eso que aún no conocían el moderno búnker bajo tierra. Los cadetes comenzaron a hablar entre ellos.

—¿Cuántas personas hay aquí?

—Unas tres mil, sólo en lo que alcanzo a ver.

—Esto se ve difícil.

Lo anterior sólo eran estimaciones de algunos de los nuevos miembros de la familia militar de Blossom, lo cierto es que actualmente se encontraban miles de videojugadores entrenando codo a codo junto al personal militar habitual; fue uno de los nuevos cadetes quien se acercó a la fila en la que Jurgen y Lewis se encontraban. Era un viejo conocido de ambos, un tipo normalmente muy molesto a quien Lewis detestaba, habían sido amigos más por cuestiones geográficas que por voluntad propia. El nombre de esta persona era Néster y odiaba a Lewis con la misma intensidad que éste a él.

—Ey, ¿qué hongón?

—Ehhh, ¿Néster? —Balbuceó Lewis incrédulo pues no esperaba encontrarlo ahí, de hecho tenía, muy dentro de sí, la esperanza de que Néster fuera una de las billones de víctimas.

—¿Qué hacen aquí mudafocars? —La forma de hablar de Néster era una de las razones por las que no era precisamente apreciado, incluso Jurgen a veces se cansaba de escucharlo.

—Haciendo nuestra parte por el bien del mundo. —Jurgen trataba de ser amable con él, esfuerzos que, tras pasar el tiempo, eran cada vez más difíciles. —¿Tú por qué viniste? Nunca me pareció que tuvieras sueños heróicos.

—Pero tengo sueños de riqueza. Me enlisté junto a mi hermano. ¡MACIEL! ¡EHH MACIEL! ¡MIRA QUIENES VINIERON!

—¡No, no, no, no tienes que hablarle! —Maciel era el molesto hermano menor de Néster, tan o más desagradable que éste y no era deseable para ninguno que ambos se reunieran al mismo tiempo, al menos no ahora que recién llegaban.

Néster se unió a la fila junto a sus extrañados «amigos», tanto Jurgen como Lewis estaban un poco sorprendidos de encontrarlo en el lugar pues no era realmente un gran videojugador. Era torpe, había borrado accidentalmente, y en más de una ocasión, las partidas guardadas de sus amigos cuando le llegaban a prestar algún videojuego, Jurgen y Lewis incluidos; perdía los juegos que le prestaban y él nunca prestaba alguno suyo; su presencia y la de su hermano eran una muestra de las fallas que las prisas ocasionaban en el proceso de selección. Tendría unos tres días de haber llegado por lo que ya conocía un poco del ambiente en que se iban a desenvolver, razón por la que Jurgen decidió que podría ser de utilidad tenerlo cerca y así averiguar cómo estaban las cosas por ahí.

Néster era un tipo fornido, poco más alto que Jurgen y casi tan obeso como Lewis, tenía la cara alargada como de caballo y el pelo peinado «de ladito» lo que le daba una apariencia aún más ñoña que la de Jurgen, caminaba levemente jorobado haciendo movimientos que lo hacían ver como un gorila torpe y lento; no era muy listo, no era muy simpático y no era una compañía muy placentera. Físicamente era muy moreno y tenía un escaso, delgado y fino vello facial al que él llamaba bigote, que cubría su labio superior y parte de la barbilla. El tipo era en verdad feo.

—Entonces, ¿cómo están las cosas por aquí? —La pregunta fue hecha por Jurgen; a Lewis, Néster le caía lo bastante mal como para estar callado, no había suficiente alcohol en el mundo para que pudiera tolerarlo mucho tiempo.

—Mira, esto es el campo de entrenamiento superior, aquí tenemos la cafetería, es esa de allá al lado de las canchas. Los que traemos el uniforme gris somos los GAMERS, así es como nos dicen por acá los soldados, yo a ellos les digo «Normis»; esos que traen el uniforme militar de manga larga son los instructores.

Al mismo tiempo que Néster terminaba su explicación y Jurgen se disponía a hacer otra pregunta, un grupo mixto, de más de veinte cadetes, pasó corriendo cerca de la fila donde los primeros se encontraban. La mayoría de ellos había llegado a Blossom casi desde el comienzo del Programa GAMER, estaban más adelantados en su preparación; eran las «peticiones especiales» de Bushnell y Baer, los GAMERS que fueron expresamente solicitados y en quienes no se aplicó el proceso de reclutamiento usual. Al frente del batallón se encontraba una atractiva chica rubia quien parecía liderar al resto; los dos amigos la vieron embelesados, quedándose un poco atrás de su propio grupo. Néster notó la forma en que ambos chicos la observaban.

—¿Ella? —Dijo con un dejo de desprecio o, quizá, de desinterés. —Fue de las primeras en llegar, no es de por acá, ni siquiera es de este continente. Dicen que es la número uno del mundo.

Disponible en formato físico y digital en Amazon.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *