El Programa GAMER - La Era de los Sheitans - DIGITAL

El Programa GAMER – La Era de los Sheitans – Capítulo 20 Un paseo por la normalidad

Sentados en la biblioteca principal del campamento, que se ubicaba en el exterior, directamente sobre la intersección entre el área habitable de Blossom y el búnker, Sharon y Jurgen se encontraban realizando, por orden de Edium, una investigación acerca de los diferentes tipos de sheitans para así preparar una presentación que expondrían ante el resto de sus compañeros. Para ambos jóvenes, así como lo era para el resto de los GAMERS, salir a la superficie era un acontecimiento muy agradable ya que sólo contaban con un día a la semana para «pasear» por el refugio, con lo que cualquier salida «gratuita» como ésta, realizada con la anuencia del teniente, era vista como «descanso adicional».

La biblioteca central, una de las diez que existían en Blossom, y la más grande, era de acceso libre para la población general del campamento aunque cierto es que, tal y como sucedía en tiempos pre apocalípticos, no era precisamente el centro de reunión favorito de la gente por lo que solía estar casi vacío. Como hicieran antes, y tan infructuosas como siempre, el gobierno realizaba campañas para motivar a la gente a leer, en especial sobre asuntos que serían fundamentales en la futura y muy esperada reconstrucción de la civilización: tales como carpintería, herrería, medicina y herbolaria; se realizó un gran y extenuante trabajo de recuperación y conservación de material clásico, rescatando de entre los escombros, mediante peligrosas incursiones, obras de gran valor cultural para la sociedad, obras que costaron la vida de centenares de soldados que ingresaron a las ciudades en búsqueda de esos preciados bienes. Tanto esfuerzo y sacrificio fue de poco provecho pues, en un tiempo en que la mayoría de las personas cree que el día que vive podría ser el último, leer no estaba en la cima de las prioridades como lo serían el sexo, las drogas o comer, todo en exceso claro está. La gran biblioteca era una construcción con pocos acabados artísticos pero muchas funciones prácticas. Estaba totalmente hermetizada para evitar la degradación de los contenidos literarios que en ella se albergaban. Contaba con clima artificial para generar un ambiente de lectura más agradable, iluminación a toda hora (único lugar que siempre se mantenía iluminado) y suficiente material para tomar apuntes. No tenía ventanas y la enorme puerta principal debía estar siempre cerrada para impedir el ingreso de agua, viento, polvo o cualquier agente extraño que afecte de forma negativa a los preciados tesoros que protegía; así como para evitar que la luz alertase criaturas a la distancia.

—Apunta esto: «Su estructura básica es más delgada y liviana que sus contrapartes terrestres. La piel de estas criaturas es más fina y sus huesos son más livianos, porosos y frágiles».

Sharon era quien usualmente tomaba la batuta en cuestiones de decisiones, sin embargo a Jurgen de vez en cuando le permitía alguna iniciativa. Llevaban algunas semanas formando equipo y, aunque no fue fácil en un inicio, poco a poco lograba acoplarse bien a él y sus peculiaridades, mismas que, pese a que ya lo estaba conociendo, aún le asombraban por lo extrañas.

—…Sí, voy.

El chico también lograba progresos, comenzaba a relajarse un poco, la tensión que sentía al permanecer al lado de una chica como Sharon había disminuido aunque todavía no lo suficiente para que su rostro dejase de ponerse rojo al hablarle o balbucear palabras ininteligibles de vez en cuando. Hasta el momento, al menos con estos dos, la estrategia de Edium estaba funcionando.

—Me recuerdan a unos… ¿ fledermäuse? ¿cómo se llaman aquí los ratones que vuelan?. —Preguntó Sharon.

—…¿Murciélagos?

—Sí, esos, sólo que gigantes.

Estaban investigando acerca de la biología de los sheitans voladores. Estas criaturas eran más escurridizas que los terrestres y de cuerpo más frágil; lo que hacía complicado tener muchos especímenes en buenas condiciones pues, además de ser difíciles de matar a causa de su movilidad, los impactos de calibres grandes fácilmente podían destrozarlos hasta un grado inutilizable para su investigación. La información que se había logrado recolectar de los pocos cuerpos en buenas condiciones que habían conseguido se había volcado tanto a los libros de texto como a formatos digitales en búsqueda de su preservación, sin embargo Edium no quería dejarles el camino fácil y exigía un estudio exhaustivo y tradicional.

—Estos monstruos son más pequeños y livianos que los otros que hemos visto, así es que pueden volar pero también los hace más débiles, posiblemente podríamos derribarlos con armas de mano. —Volvió a decir Sharon.

—…No sólo es por ser más ligeros, acumulan más gases en sus aparatos digestivos, los mismos que les permiten lanzar bolas de fuego y son más livianos que el aire, parecidos al helio, y así se ayudan a elevarse. —Jurgen trataba de ser interesante para impresionar a la chica, lo cual no estaba logrando.

—¿Eso es todo lo que ves? —Dijo una sonriente Sharon que sentía que su compañero ignoraba más detalles.

—…¿Hay algo más?

—Trata de ser un poco más flexible de mente Jurgen. Si esos gases sirven para lanzar bolas de fuego eso significa dos cosas: Primero que no pueden disparar bolas de fuego sin perder altura, segundo que, en combinación con sus pieles más delgadas, las balas explosivas podrían causar la ignición de los gases y aniquilarlos con un sólo disparo.

Sharon tenía la cualidad de ver más allá de los bordes, en su época de jugadora profesional podía analizar en segundos un escenario y saber precisamente cómo utilizarlo, ver un par de movimientos de sus oponentes para predecir su manera de pensar. Al contrario de la gran estrella del Programa GAMER, Jurgen era muy metódico, podía encontrar patrones de comportamiento, pero necesitaba realizar un estudio científico más detallado y, por consiguiente, lento, muy lento.

—Lo difícil va a ser derribarlos… Según estos libros se mueven bastante rápido y de forma errática. —Mencionó Sharon sin levantar la vista de las páginas del libro. —Como medusas… Los lanzallamas no sirven contra estas cosas, usar rifles sería muy complicado y con automáticas gastaríamos demasiadas municiones. —Añadió.

—…Consumen su energía obtenida por alimento más rápidamente, eso significa que necesitarán bajar a comer y mantenerse quietos, quizá podíamos usar alguna carnada. —Finalmente Jurgen dio una respuesta acertada, misma que derivó en una felicitación de parte de su compañera.

—Ya estás aprendiendo, la próxima semana practicaremos el que actúes como carnada. —Dijo ella.

Jurgen se quedó un poco serio, sin saber que responder, Sharon lo veía fijamente hasta que simplemente se carcajeó y admitió que bromeaba.

—No sé cuándo nos tocará enfrentarnos a ellos pero vamos a tener que practicar, voy a ordenar a mi equipo que haga algunos ejercicios a objetos móviles, deberías recomendarle a Reolf que haga lo mismo con ustedes.

—¿Qué tenemos sobre los grandes? —Preguntó Sharon nuevamente.

Además de investigar sobre los sheitans voladores estaban encargados de buscar información sobre el otro tipo de bestias que eran difíciles de capturar, los grandes. Derribar a uno de estos había resultado ser una tarea tan pesada como la masa de esas criaturas, que resistían impactos de los más altos calibres, además de tener inmunidad al fuego y a la radiación. Eran unos demonios terribles.

—…Pueden alcanzar varios tamaños, la mayoría tiene una altura entre los tres y nueve metros; no difieren mucho internamente de los humanoides. Están equipados con los mismos órganos y tienen la misma capacidad para lanzar bolas de fuego, aunque éstas son más potentes. Son más lentos debido a su corpulencia, un poco menos agresivos y sus pieles son lo bastante gruesas para resistir varios impactos calibre .50. Los hay bípedos y cuadrúpedos, siendo los bípedos los que alcanzan los nueve metros de estatura, aunque se encorvan debido a su peso y por eso se ven más bajos. Los cuadrúpedos son como una especie de tanque, con la parte más gruesa de su piel al frente, lo que les protege de ataques frontales… habrá que rodearlos y atacarlos por la espalda. Sus huesos son más densos, lo que los hace más duros, es casi como si tuvieran doble armadura; entre sus pieles y su estructura ósea, lo que les permite una resistencia superior.

—¿Alguna idea para derribarlos? —Preguntó Sharon, quien aparentemente ya tenía una.

—…Preferiría que me dijeras lo que piensas. —Respondió.

Sharon miró a Jurgen a los ojos, viendo a través del cristal sus gruesas gafas, Jurgen bajó la vista tras unos segundos.

—Te apuesto lo que quieras a que su piel es más delgada en la unión entre sus piernas. Tendríamos que meternos por debajo de ellos y si atacamos con armas de suficiente poder te garantizo que podremos matarlos fácilmente. —Sharon hablaba con gran seguridad.

—…Como Rex, ¿verdad? —Añadió Jurgen ruborizado ante la imagen mental de «lo que quieras».

—Exactamente.

Los grandes eran bastante numerosos, casi tanto como los pequeños. Habían sido los causantes de la mayor parte de los destrozos en ciudades pues sus bolas de fuego tenían la potencia para derretir el concreto, el hierro y el hormigón. Se les podía matar si se contaba con el armamento adecuado. Habían sido analizados extensivamente e incluso ya tenían algunos cursos acerca de ellos.

—¿Y los otros? —Preguntó Sharon.

—…Se le considera un gigante a todos aquellos que superan los diez metros de altura. No se ha logrado derribar a uno, se cree que sus pieles son más gruesas aunque posiblemente eso varíe dependiendo su altura, todos resisten sin problema impactos de cualquier tipo de munición balística, las .50 no logran perforar más allá de treinta centímetros, que es más o menos la mitad del grosor de la piel en las partes más espesas de los sheitans grandes. Sus bolas de fuego son las más potentes gracias a la concentración de gases y líquidos inflamables en sus aparatos digestivos. Sus huesos deben ser, cuando menos, tres veces más densos que los de los sheitans menores, es necesaria esa densidad para soportar el peso de sus músculos y órganos.

—¿Dice cómo se les podría derribar? —Preguntó Sharon una vez más mientras tomaba notas y organizaba imágenes para la presentación que iban a hacer.

—…Usar explosivos, proyectiles perforadores prototipo con punta de diamante y cuerpo explosivo con agentes biológicos. —Respondió Jurgen.

Sharon quedó sorprendida al escuchar acerca de estas criaturas contra las que seguramente habría de enfrentarse alguna vez. Era de su conocimiento que se estaba desarrollando armamento especial para derribarlas y que debería estar listo para el momento en que los primeros GAMERS terminasen su adiestramiento, mas eso no la tranquilizaba, eran estas criaturas las que seguramente causarían la muerte de la mayoría de sus compañeros.

—Incluso temo preguntar, ¿y el Dragón? —Añadió ella.

—…Es uno de los súper gigantes. El Dragón es el más grande sheitan que se ha visto, además de ese hay otros dos, son tan diferentes al resto de los sheitans que se les considera una especie aparte. El Dragón fue el primero en aparecer, se calcula tiene más de seiscientos metros de altura, los otros dos parecen bueyes, miden más de cien metros de altura. Ninguno de estos ha podido ser derribado, los que parecen bueyes no son agresivos y sólo se les ve caminar sin alguna dirección. Al Dragón no se le ha visto en meses, la última vez en oriente.

No habían terminado de recopilar toda la información por la que estaban ahí pero lo que habían adquirido era lo suficientemente desesperanzador como para estar tentados a renunciar al Programa GAMER. La expresión de Sharon era de angustia mientras que Jurgen no levantaba la mirada del libro, aunque eso era más que nada por timidez.

—Ya vámonos, me aburrí de estar leyendo todo esto. ¿Quieres ir a la comunidad? —Sharon estaba cansada del ambiente de estudio, comenzaba a tener miedo y dudas sobre si había hecho bien en ingresar al programa; le intranquilizaba la idea de que Brooke o Ingrid cayeran en batalla ¿qué le diría a las familias de sus amigas? Incluso observaba a Jurgen y sentía que no tenía la capacidad para mantenerse con vida allá afuera. Fue así que sugirió descansar y tomar un paseo.

La biblioteca les daba fácil acceso al área civil, donde podían encontrar distracciones, entretenimiento, comida y especialmente el ver personas diferentes a sus compañeros, instructores y militares, algo que ya le hacía falta a muchos de los GAMERS. Su permiso de estadía era con objetivos académicos por lo que no se suponía que pudieran ingresar en ese momento a la comunidad así que su paseo podría traerles problemas, pero valía la pena el riesgo. Previamente a Sharon y a Reolf se les había permitido la lectura de los expedientes de sus compañeros, ello con la finalidad de hacer el mejor uso posible de sus características; y claro que había estudiado a su nuevo compañero, lo poco en lo que destacaba era en su habilidad para no ser visto, casi como si a la gente no le importara su existencia, ahora planeaba hacer uso de esa habilidad.

Sólo había una puerta por lo que no tenían más alternativa que caminar frente a las personas encargadas del mantenimiento de la biblioteca. Lo hicieron de la forma más casual que les fue posible, actuando Sharon más amistosa que de costumbre para con su compañero, se pegó mucho al cuerpo del chico, colgándose de su cuello y plantando un candente beso en la mejilla al sorprendido Jurgen, a quien abrazó fuerte justo al pasar frente a la recepción y con eso evitó que los encargados de la biblioteca vieran los logotipos del ejército en sus sencillos uniformes, trataba de dar la apariencia de un par de enamorados que saldrían a dar un paseo. La estrategia funcionó, no llamaron demasiada atención al salir del edificio aunque Jurgen comenzó a caminar chistoso por un rato. Una vez fuera se dirigieron tranquilamente rumbo a la zona comercial del campamento, advirtiéndole Sharon a Jurgen que quizá tendrían que repetir la actuación previa para cubrir los logotipos de sus uniformes en caso de ver a algún guardia, que a la próxima actuara con más normalidad, el chico sólo respondió «…Ok».

Caminaron bajo el sol que bañaba con sus rayos al campamento, el cual estaba, como era usual, atestado de gente. Más sobrevivientes ingresaban cada día por lo que se comenzaba a ver más cercano el riesgo de sobrepoblación. Observaban el movimiento de aquellas personas que se aferraban a mantener una normalidad, una rutina. Pese a la realidad apocalíptica que se vivía latente al exterior, todos intentaban mantener las cosas como eran antes. De ese modo vieron niños jugando con la pelota en medio de las improvisadas calles, vendedores ambulantes que ofrecían sus productos a gritos (y a precios exorbitantes), shows musicales no muy ruidosos, anuncios de prestación de servicios, algunos de dudosa reputación, e infinidad de puestos de alimentos exóticos. Se detuvieron en uno para conseguir algo de comer; una de las ventajas del Programa GAMER era que los participantes percibían un pequeño salario en efectivo, en la moneda local del país; de este modo tenían recursos para darse ciertos gustos en su tiempo de descanso y, aunque los precios en efectivo eran bastante elevados, pues los vendedores preferían la mecánica del trueque, no dudaron en comer algo de lo que no se les servía en el búnker.

Escuchaban como algunos refugiados platicaban del temor que tenían de ser enviados a otros campamentos a causa del evidente crecimiento de la población, el temor era válido puesto que ningún otro campamento en el país ofrecía la seguridad o comodidades de Blossom. Frecuentemente había comentarios referentes a cerrar las puertas y no permitir el ingreso de más personas e incluso ya había algunos conflictos que tenían como objetivo a los recién llegados.

—… Es parte de la naturaleza humana despreciar a los que sean diferente. —Jurgen rara vez decía algo sin que le preguntaran, menos aún era espontáneo o hablaba sin trastabillar, esta vez fue muy natural, lo que extrañó a su compañera pero también le interesó.

—¿A qué te refieres?

—… Cuando todo esto del fin del mundo empezó, la gente comenzó a unirse, se integraron y ayudaron unos a otros. Ahora que hay cierta normalidad aquí, todos vuelven a ser como eran, están cerrando sus grupos y rechazan a los que no forman parte de ellos. Está en nuestra naturaleza destruirnos… es lo cotidiano.

—¿A qué te dedicabas antes de esto, eras maestro o algo así?

Por primera vez Jurgen había dicho algo inesperado para ella, lo que le había hecho considerar que no sabía nada de las personas con las que estaba actualmente. A excepción de Brooke e Ingrid y, por desgracia para ella, de Kl4ws; no conocía realmente quiénes eran sus compañeros, aquellos que iban a proteger su espalda.

—… Yo… me la pasaba todo el día en los videojuegos. —Fue la triste respuesta de Jurgen.

Sharon quedó unos instantes pensativa para después preguntar.

—¿Por qué estás aquí?

—… ¿Aquí contigo? —Respondió con claro desconcierto.

—¿Por qué estás en el Programa GAMER?

Jurgen, como era su costumbre, meditó su respuesta por unos instantes, más de los que debiera realmente.

—… Pensé… que esta era una buena forma de demostrarme que no había desperdiciado mi vida jugando.

La respuesta le pareció un poco extraña a Sharon, incluso melancólica; ella vivía de jugar, no obstante entendía que lo que para ella era un trabajo bien remunerado que le había otorgado fama, para la mayoría era un pasatiempo e incluso algunos lo consideraban un vicio. Se quedó en silencio un segundo y extrañada por el rumbo profundo e inesperado que estaba tomando la conversación con su compañero, Jurgen, a quien los silencios al estar acompañado le ponían nervioso, añadió casi sin querer.

—… Es como si estuviéramos realmente hechos para esto, como si jugar se hubiera convertido en un… entrenamiento. Es como llevar el juego al siguiente nivel. Bueno, no es como si fuera mejor sentarse en un refugio a esperar ser despedazados por ellos.

—¿Dónde estabas antes de venir acá? —Preguntó una vez más.

—… No era un mal lugar, estaba en las afueras de mi ciudad. Era un campamento dentro unas grutas, era un lugar turístico; no era tan grande como este ni estaba tan bien equipado pero estaba bien, estábamos seguros… Aunque… Era desagradable no ver el sol por semanas, casi siempre estábamos bajo tierra.

—¿Y tu familia?

—… Estaban ahí conmigo, cuando me enlisté al Programa GAMER los llevaron a un lugar mejor, fue otra de las razones que me motivaron a enlistarme.

La respuesta aparentemente dejó satisfecha a Sharon, quien por el momento se abstuvo de hacer más preguntas. Ambos continuaron caminando un poco más mientras continuaban comiendo y observando. Finalmente Jurgen dijo algo más.

—… ¿Por qué estás aquí?

La pregunta no pareció sorprenderla, Sharon, quien era sólo unos centímetros más baja que el chico, volteó a verlo a los ojos, lo cual lo ruborizó.

—Creí que no ibas a preguntarme nada. —Empujó al chico con su hombro jugueteando. —Yo vine por… pues por dinero ¿No suena muy heroico verdad?

El chico pareció bastante sorprendido de escuchar eso mas no dijo nada.

—Ellos… Los doctores… Bushnell y Baer, me fueron a buscar al refugio en que estaba, me querían especialmente para este proyecto. Llevaban una carta firmada por el Presidente casi rogándome para formar parte de esto. —Dijo con una expresión burlona, juntando las manos. —Me hicieron sentir especial, que era la candidata perfecta, que mi presencia sería de gran utilidad, que sería yo quien salvaría al mundo. —Diciendo lo anterior de forma cómicamente melodramática. —Y como no me vieron muy convencida me ofrecieron mucho dinero, una cantidad que jamás imaginé tener; y propiedades en este país, la nacionalidad que yo quisiera. Me dijeron que mi vida estaría resuelta… suponiendo que sobreviviera a todo esto del fin del mundo, eso no me lo garantizaron.

Y continuó.

—No pude rechazarlo, si sobrevivía no tendría más preocupaciones; si no aceptaba venir y no se ganaba esta guerra, entonces no iba a haber nada bueno por qué vivir de todos modos, ¿no crees? —Volvió a decir Sharon.

—… ¿Y… Qué hay de tu familia, también los llevaron a un mejor lugar? —Preguntó Jurgen una vez más.

—No era necesario, estábamos Monte Rosa, no tiene nada que pedirle a Blossom. Mi país es montañés, vivimos a mucha altitud y hace mucho frío, ningún sheitan podría llegar hasta donde estábamos e incluso nuestras ciudades no son accesibles para ellos. —Respondió Sharon con cierto orgullo y presunción.

—… ¿Entonces sólo se quedaron allá?

—Sí, mi familia es… un poco importante. Fuimos de los primeros en evacuar y recibimos un trato preferencial. Ninguno de ellos murió durante los primeros ataques, al menos ninguno cercano.

Y cuando parecía que Sharon había terminado decidió continuar hablando.

—La verdad… realmente sólo se trató del dinero, me gusta sentirme especial. Con todo lo que me dijeron… en verdad me sentí muy bien, mejor que todos; creo que tengo mucho ego, ¿no crees?.

Su respuesta fue relativamente alegre, sonriendo al terminar de hablar. Jurgen, quien ya la había evaluado previamente, vio confirmado lo que pensaba de ella, alguien que disfrutaba de la atención, de ser admirada, del efecto magnético que causaba en los demás. Por su parte Sharon era excepcionalmente buena leyendo a la gente y no se sorprendió por lo que Jurgen le dijo, notó en él a alguien muy inseguro, reprimido, con mucho qué decir pero poco que expresar, también le pareció una persona muy triste.

Continuaban en la zona comercial de Blossom, habían terminado su comida y la noche comenzaba a caer. En una o dos horas se detendría toda actividad en exteriores con motivo de evitar alertar a criaturas que pudieran estar en la cercanía, las patrullas comenzarían a circular para evitar que hubiera personas rompiendo el toque de queda y no habría nada más interesante por hacer. Ambos entendieron que su pequeño paseo había llegado a su fin, era hora de volver a su nueva vida militar. Juntos regresaron a la biblioteca para ingresar de nuevo al búnker, habían disfrutado su momento como civiles, lo más parecido a una vida normal que habían tenido en meses. Así los dos descendían por el elevador, camuflados entre un pequeño grupo de GAMERS de otra barraca que ejercitaban en las canchas superiores, mientras, muy lejos de ahí, comenzaban a sonar los ya habituales rugidos de los gigantes más cercanos.

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